Siempre me he considerado una persona amante de la buena televisión, de las series de calidad. Desprecio muchas series españolas que sinceramente no entiendo como son emitidas, y reniego de algunas americanas que incompresiblemente llegan a este país cuando en el de origen fueron un fracaso de crítica y publico.
Pero mis estándares de calidad, han caído por los suelos, más incluso que alguna noche de loca borrachera.
Me he tragado a Liberad Vigilida voluntariamente.
El programa supongo que lo habréis visto. Consiste en introducir en una “casa-hotel” a una docena de concursantes de edades entre 18 y 22, unas cifras algo superiores a sus coeficientes mentales. Estos jóvenes son el despropósito personificado. La incultura, la chabacanería, la ordinariez hecha carne. Las chicas representan todo aquello que espero nunca tenga una hija mía; dejes al hablar, palabrotas, expresiones paletas que cada cinco minutos salen de su boca avergonzarían a cualquier padre.
Los tíos, salidos como perros en celo, tratan a sus compañeras con el mismo respeto que han debido de ver en sus casas, es decir, con ninguno.
No se si la nueva forma de ligar basada en la cultura del video clip de Regetton, en el que la mujer es la esbirra del tío dominante, será esta. Pero es lamentable.
Mención aparate merece la presentadora, ex-reportera del lamentable programa "1 Equipo" de Cuatro, que ya no debe saber como empezar sus piezas y resurge de entre la maleza (cuatro tiestos de los jardines del hotel) cada vez que da paso a los vídeos.
Yo tengo 27 años, he hecho mil locuras, y he perdido los papeles, pero estoy seguro que nunca fui como ellos.
Si viviesen en Madrid, Villaverde Bajo o la costa marrón (Móstotes, Parla y Alcorcón) serían demasiado elegantes para ellos.
A pesar de toda esta crítica he de confesar que el otro me quede hasta la madrugada viendo atónito sus andanzas. Supongo que es como cuando ves un accidente de tráfico y no puedes retirar la mirada, pero por si acaso no volveré a sintonizar Antena 3 en una buena temporada; no vaya a ser que acabe "rajjjkando" al hablar con nuestras amigas.